jueves, 29 de abril de 2021
miércoles, 21 de abril de 2021
"DANDO VUELTAS POR LA PLAZA" LETRA: JUAN QUINTANA, MÚSICA: ALEXANDER GUT...
"DANDO VUELTAS POR LA PLAZA"
LETRA: JUAN QUINTANA.
MÚSICA: PASTOR ALEXANDER GUTIERREZ.
ARREGLOS: OSCAR ORTIZ
viernes, 9 de abril de 2021
QUINTETO MUSICAL "LOS ZAPATOS BLANCOS" POR: JUAN QUINTANA
https://youtu.be/u_uOr5Swg0s
ESTA ES UNA BREVE RESEÑA
DEL GRUPO MUSICAL
"LOS ZAPATOS BLANCOS"
domingo, 4 de abril de 2021
LOS BAUTIZOS EN EL CHARALLAVE DE ANTAÑO. POR: JUAN QUINTANA
LA HISTORIA POCO CONTADA
“LOS BAUTIZOS DE AQUEL VIEJO
CHARALLAVE“
POR: JUAN QUINTANA
Esta es parte de la historia más sencilla de
nuestro pueblo, la cotidianidad de aquel hermoso pueblo de calles empolvadas,
de aquel pueblo apacible con gente amable, de aquel Charallave con sus
costumbres, tradiciones, personajes populares, anécdotas, leyendas y su
historia…, y en el “Adobe Pueblo de Antaño” mantenemos aún vivo el recuerdo de
esa hermosa historia, “DE LA HISTORIA POCO CONTADA” como la de “LOS BAUTIZOS DE
AQUEL VIEJO CHARALLAVE“.
Sin duda alguna que los bautizos
representaban toda una ceremonia religiosa muy tradicional, pero además muy
esperada por toda la familia, y llegaba a convertirse en todo un evento social,
independientemente de la clase económica a la que perteneciera la familia, bueno,
lo primero era conseguir unos buenos candidatos como padrino y madrina,
generalmente los padrinos eran algunos familiares muy cercanos, como algún
hermano mayor, una tía o un tío, o algún familiar de mucho fundamento y
responsabilidad, ya que los padrinos eran “los encargados” de la atención del
niño, en caso de la ausencia de los padres, pero algunos padres de manera “muy
interesada”, hacían una lista muy, pero muy confidencial, de los posibles o
probables padrinos con cierta posición social o económica, se incluían en ese
listado confidencial al Jefe Civil del pueblo, al Presidente de La Junta
Comunal, a los dueños de la boticas, almacenes y pulperías, a los dueños de las
pesas o carnicerías, de los molinos, las vaqueras, o a cualquier otro conocido
con cierto poder económico…, porque era costumbre en la época de aquel Charallave de antaño, que el padrino,
dolorosamente, era quien compraba la cadena y la medallita de oro, eso sí, de
oro puro, y se encargaba además de aportar para la celebración de la fiesta que
se haría en honor a la criatura, mientras que el vestido y los zapatos, eran de
la responsabilidad absoluta de la madrina.
Pero todo comenzaba con algunas “punticas” por
parte del padre de la criatura, diciéndole al posible candidato: algo así mas o
menos, “fulano, como estamos?, sabe que la mujé la tengo preñá, guá y quien
mejor que Ud. pa’ que sea su padrino”…, y listo, eso era más que suficiente para comprometer
a la víctima, que desde ahora en adelante lo llamaría compadre o comadre.
Comenzaba entonces la preparación de la
celebración, ya solucionado aquello de la escogencia de los padrinos, se
esperaba a que el Cura Párroco fijara la fecha de los bautizos colectivos, que generalmente
se celebraban cualquier sábado a las 3 de la tarde, lo siguiente era mandar a
elaborar en la tipografía Urdaneta, de Fernandito Martínez, la tarjeta de
bautizo o “tarjeta de recordatorio”, que casi siempre era en forma de díptico,
con algún modelito tradicional o algo fuera de lo común, pero en ambos casos,
no podía faltar el mediecito de plata, adherido a la tarjeta de bautizo, y por
supuesto la fecha del bautizo, el nombre de la criatura, el nombre de los
padres y los nombres de los padrinos.
Llegaba así el día esperado para “sacarle el
diablito” a la criatura…, desde las 5 de la mañana de ese sábado, se sentía en
todo el vecindario, el agradable olor del dulce de cabello de ángel o de
lechosa, preparado por supuesto por la abuela o por la matrona de la casa, pero
todo el grupo familiar, en una verdadera cayapa, preparaban la ensalada de
gallina, los bollos pelones, la deliciosa torta de pan, recubierta con el
tradicional pastillaje batido a mano, la inigualable tizana criolla, aunque
llevaba manzana importada, y la insustituible guarapita de parchita, pero
además, desde muy temprano, había que meter en el pipote de metal las
“caraquitas”, para que a eso de las 5 de la tarde estuvieran bien frías…, el
piso de la sala de la casa debía estar impecablemente “pulido”, a coletazo
limpio, con una mezcla de querosén y esperma, ya que ese sería el escenario
principal para echar un pie, al ritmo de Damirón y su Piano Merengue, los
mambos de Pérez Prado, o la Orquesta Billós con su tema del momento “Caminito
de Guarenas“.
Llegaba así el día sábado, y por supuesto, la
hora esperada, tres de la tarde, los primeros en llegar a la Iglesia eran los
padres y los padrinos, y después los demás invitados, y claro está, alguno que otro arrocero que con seguridad se
“colearía” hasta la casa, para disfrutar también de la fiesta con la orquesta “picot”
y su cantante “agujita”.
El Cura Párroco comenzaba justo a las tres de
la tarde, y ya a las cuatro y media, concluiría la tradicional ceremonia
religiosa, vendría luego, las felicitaciones a los padres y a los padrinos, las
fotografías de rigor, y la consecuente salida hacia el altozano de la Iglesia .
Los zagaletones de la época, entre los cuales
me incluyo, esperábamos con mucha ansiedad, que llegara el sábado por la tarde,
y apostarnos frente al altozano de nuestra imponente Iglesia, y escuchar el
sonido inconfundible de los mediecitos de plata, arrojados al piso de la plaza
por los padrinos de los bautizos de turno, lo cual, representaba un acto
tradicional por parte de los padrinos de ese viejo Charallave, y casi que nos
peleábamos para agarrar la mayor cantidad de medios de plata…, algunos padrinos,
un poco más adinerados, o quizás para aparentar algún poder económico, no
solamente lanzaban los mediecitos de plata, sino que además, lanzaban decenas
de monedas de plata de un Bolívar, cuestión que sin duda alguna, nos sorprendía
gratamente…, y ya, con los mediecitos en la mano, nos esperaban los populares “Macanapo”
y “Bidu” en la antigua bodega de Bernabé Bello, frente a la Plaza Bolívar, para
vendernos la deliciosa colita, uvita o naranjita “Grapette”, o la añorada y exquisita Chicha A1 con su inconfundible sabor tradicional.
A su salida de la iglesia, todos se dirigían a la casa para la esperada
celebración, y finalmente al entrar a la casa, en un lateral de la sala, estaba
el cuarto principal con la cortina recogida, dejando ver al fondo, la cama muy
bien adornada que se convertiría finalmente en la receptora de los regalos o
“guindas”, que de manera “casi obligatoria”, llevarían los invitados, claro,
exceptuando a los arroceros, que con seguridad tratarían de hacerse los locos.
La comelona no se hacía esperar, los padres y familiares de la criatura,
eran los que se encargaban de repartir la ensalada y los bollitos pelones, en
una esquina del comedor, la mesa de madera con su elegante hule de flores y
frutas, mostraba la monumental torta y los dulces caseros, los vasos de cartón
Dixie, repletos de la sabrosísima tizana, salían desde la inmensa cocina, la
guarapita y la caraquita bien fría, haciendo su efecto embriagador al son de la
“Vaca Vieja“ de Billós, “Aji Caribe“ de Damirón, y “Mambo No 5” de Pérez Prado, lo demás
quedará a la imaginación de cada lector, que con toda libertad, podrá recordar
con alegría y quizás con un poco de nostalgia, esa parte de la historia de
nuestro pueblo, de esa historia que si no la contamos y la cantamos a gritos,
puede diluirse en el tiempo, de esa historia poco contada como la de los bautizos
de aquel viejo Charallave, de aquel hermoso pueblo que nos dejó un recuerdo en
cada esquina.
miércoles, 31 de marzo de 2021
BANDA SACRA DE CHARALLAVE, AÑO1961, DIRIGIDA POR EULOGIO SERRANO
Como un aporte más al fortalecimiento del gentilicio charallavense
y a la consolidación de nuestra Historia Cotidiana, les presento este excelente
trabajo, convertido, sin duda alguna, en una “Reliquia Musical”, grabado, de
manera rudimentaria, en el año 1961, por la Banda Sacra de Charallave, bajo la dirección
del Maestro Eulogio Serrano, durante la Misa correspondiente al Jueves Santo, y Procesión del Cristo, el tema “Popule
Meus” original de José Ángel Lamas.
Esta grabación, la
cual representa una“Reliquia Musical” reposa en los archivos de la familia
Serrano Blanco, bajo la custodia de los hermanos Manuel y Eduardo Delpiani
Serrano.
Seguro estoy, que este
trabajo musical, dejara sin duda alguna, un grato recuerdo y un agradable sabor
a pueblo, esperando sea del agrado de todos.
JUAN QUINTANA.
martes, 30 de marzo de 2021
HISTORIA DEL NAZARENO DE SAN PABLO
lunes, 29 de marzo de 2021
“Aún no…, mis ovejas esperan por mí”. Por: Juan Quintana.
“Aún no…, mis ovejas esperan por mí”.
Por: Juan Quintana.
Sentí temor, no pude ocultarlo, ni tampoco debo ocultarlo, sentí temor a
pesar que infinidad de veces he predicado lo contrario: ”No temáis porque yo
estoy contigo”…
Días antes, mi esposa había estado complicada, justo en ese instante, comencé a sentir
temor, oré desde lo más profundo de mi ser, por ella, y por todos los que
estaban pasando por este terrible mal, ya lo habíamos hecho mucho antes, a cada instante, orando y hablando de tú a tú
con Dios, como a diario lo hacemos, sé
que mis oraciones llegaron hasta él, como siempre han llegado, sé que Jesús me
escuchó, como siempre me ha escuchado, nunca ha dejado de escucharme, nunca ha
dejado de escucharnos, él siempre está
ahí, esperando a que le demos el lugar que merece, y a que reconozcamos que siempre se hará su
voluntad, y no la nuestra…,sé que gracias a nuestras oraciones, mi esposa y
muchísimos enfermos más, lograron sobreponerse a este horrible flagelo.
Comencé
a sentir malestar, me sentía ahogado, tal vez ya yo estaba contaminado, por
algún descuido, en algún momento, aunque no sé cómo, ni cuándo, ni por qué…, percibía
que mis pulmones no recibían suficiente aire y sentí, nuevamente, temor…,
aunque retumbaba en mi interior aquella clara y fuerte voz diciéndome: “No temáis
porque yo estoy contigo”…, mis hermanos lograron trasladarme al Hospital General,
y ahí, en una calurosa y aterradora sala, en total y absoluto hacinamiento,
estábamos un poco más de treinta pacientes, nos dividía solo una pared que daba
a otra sala, de iguales características, también con algo más de treinta
pacientes, en iguales condiciones, con apenas un par de metros de distancia
entre cama y cama…, mis hermanos lograron
conseguirme dos bombonas de oxígeno y las llevaron al hospital, mientras
instalaban la que yo usaría, un médico nos pidió que le entregáramos la otra
bombona de oxígeno, para socorrer a un paciente que estaba sumamente grave, a
Dios gracias pudimos ayudar a otro ser que la necesitaba, Dios quiera se haya recuperado totalmente…, el ambiente no
brindaba ningún tipo de consuelo, ya no había camas, todo estaba saturado, se
asomaba a mi mente, aunque de manera fugaz, pero aterradora, aquellas escenas
de guerra con centenares de heridos en un hospital de campaña…, cada segundo
allí, acostado, se convertía en horas o
tal vez en días…, sin duda alguna, fue espantoso, sentía que poco a poco las fuerzas se alejaban de mis manos, de mis
piernas, de mi cuerpo…, ya era el tercer día de estar allí, en el hospital,
esperando ser atendido de manera formal y comenzar mi recuperación, mis
hermanos veían con asombro, cómo a las afueras del hospital, la gente se
aglomeraba, esperando recibir noticias de sus enfermos, de los innumerables
enfermos que ingresaban minuto a minuto, contagiados con el virus…, las salas
de ese inmenso Hospital General, estaban, literalmente, colapsadas, no cabía un
alma más, los médicos haciendo lo humanamente posible por ser leales al
juramento que hicieran un día, en algún auditorio de algún Rectorado del
país…, al principio solo se escuchaban
leves murmullos, luego los comentarios comenzaron a volar rápidamente, y al comenzar
a caer el ocaso, ya todos nos habíamos
enterado que el oxígeno se había agotado en el hospital, la gente desesperada
tratando de sacar por sus propios medios a sus enfermos, y rápidamente el pánico se apoderaba de todos, fue sin duda
alguna, una escena espeluznante, digna de un best seller al mejor estilo de Alfred
Hitchcoock, en solo fracciones de segundos, más de una decena de seres humanos
habían fallecido por falta de oxígeno…, los gritos de la gente, el llanto, el intento
desesperado, para muchos infructuoso, por sacar, bajo cualquier medio, a sus familiares
que se morían ahí, cerca de ellos, sin poder hacer nada, con absoluta
impotencia ante lo que estaba sucediendo, esos mismos gritos, ese mismo llanto,
esa misma tristeza, se iban desvaneciendo poco a poco a medida que comenzábamos
a alejarnos, dejando atrás, tal vez, la sombra tenebrosa de la muerte…, mis hermanos lograron, por sus propios medios,
sacarme de aquel caluroso y aterrador pasillo del hospital, y conducirme a una
clínica cercana, para lograr que pudieran estabilizarme…, confieso que no dejé
de orar, tanto por mi salud, como por la
de centenares de hermanos que habían
quedado recluidos en el hospital, en condiciones poco favorables…, esa noche,
como las anteriores, también fue larga y angustiosa, sin poder dormir lo
suficiente como para reponerme, pero sabía que el temor seguía ahí, atado a mí,
en una lucha constante con mis oraciones…, a la mañana siguiente, ya no se ni
de qué día, mis hermanos, con la ayuda económica de algunos amigos, logran
ingresarme a una clínica en la capital del Estado, de hecho fui admitido en el
área de triaje, para recibir los auxilios preliminares, mis oraciones no
dejaban de inundar el espacio y el tiempo, mis oraciones se elevaban, muy alto,
como siempre, en dirección al cielo, confiábamos
plenamente en que sería atendido sin ningún tipo de inconveniente, pero
tristemente la odisea continuaba, el sufrimiento seguía, por un lado, mientras
el virus seguían haciendo su diabólico papel de estrangular mi ser, de ahogar
mis esperanzas, por el otro, recibíamos la inesperada noticia de no poder ser recluido en una habitación de esa
clínica, para el tratamiento
correspondiente, por no tener a la mano, una cifra muy superior a la que
inicialmente nos habían informado, y que por lógica, escapaba de nuestro
presupuesto, pero con el agravante adicional de no recibir el trato adecuado
que un ser humano, sin distingo de raza, credo, condición social o económica,
pudiera recibir…, mi conversación con Dios, pidiéndole que se hiciera su
voluntad, no se había interrumpido en ningún momento, sé que él,
como siempre, estaría a mi lado,
escuchándome, ayudándome a saltar
cualquier obstáculo, por muy grande que este fuera, y me indicaría, con gran
claridad, cuál sería el camino a seguir.
Hoy, seguimos luchando en esta batalla contra
un minúsculo e invisible virus, pero con un poder devastador, solo derrotable
con una formula muy sencilla y económica: “quedarse en casa”, “salir a lo
estrictamente necesario y bajo la máxima prudencia y protección posible”,
acompañado, por supuesto, con oraciones continuas y permanentes…, hoy seguimos
luchando en esta batalla, con un cuadro
clínico poco favorable para mí, pero con una fe inquebrantable, de que todo
saldrá bien muy pronto, mis oraciones no le dan más tregua al virus, sabremos,
con la ayuda del altísimo, salir de esta hora menguada, nuestros sueños van
adelante, a pasos seguros, lentos, pero
indetenibles, de la mano del creador, porque él sabe perfectamente, que: “Aún
no…, mis ovejas esperan por mí”.
Pd: Los hechos, personajes y lugares
descritos por el autor en esta crónica, son reales, solo que preferimos, por
simple ética y humanismo, mantenerlos en estricta confidencialidad.
Fuentes originales:
Gustavo Suarez y
José Ángel Medina.






